sábado, 14 de febrero de 2026

El papel donde empezó todo


Hace diecisiete años un desconocido escribió “REmi” en un pedazo de papel y me lo entregó en el metro. No era su número. Era su blog.

Yo llegué a sus palabras antes que a sus manos.

Era la época de Messenger, de MySpace, del Indie Sleaze, las medias rotas y tenis de bota. Yo caminaba desalineada, con una cámara de rollo —una Canon que mi papá me prestó— y ganas de mirar la ciudad como si todo estuviera a punto de revelarse. Él no. Él siempre impecable, con camisas de texturas y simetrías retro, como si viniera de otra década.

Nos acercamos escribiendo.

Leí su blog —tengo todavía el pedazo de papel de ese día, guardado en un diccionario de francés de mis primeros años universitarios, sigue en buen estado— me enamoré de su forma de nombrar el mundo. Después vinieron las fotografías juntos, las caminatas, las conversaciones infinitas y aquella declaración en el antiguo café Trevi, que la pandemia se llevó físicamente, pero no de nuestra memoria.

Hay rollos sin revelar que todavía esperan su momento. Me gusta pensar que cuando por fin los revelemos habrá sorpresas, como si el pasado aún tuviera luz guardada.

Desde 2018 dejé de escribir en mi blog personal. En 2011 olvidamos la contraseña de este que abrimos para contarnos la vida, los miedos y los sueños. Hoy la encontré entre libretas de coberturas, como si también ella hubiera decidido regresar.

Y regreso.

Regreso a este espacio que nació cuando formalizamos lo que ya era evidente. Regreso a escribir ahora que he vuelto a estudiar, ahora que necesito ordenar pensamientos y también agradecer.

Te amo con la misma intensidad que aquella tarde en el Trevi. Con la misma certeza que tuve cuando leí tu primer texto. Con la misma emoción de la chica de medias rotas que encontró en tus pupilas enormes su luz y su refugio.

Feliz San Valentín.


martes, 2 de agosto de 2011

De la rutina

Hace unos días salimos de la misma rutina, la pasamos bien, tuvimos algunas siestas que nos relajaron, platicamos de todo un poco, comimos de maravilla y sobre todo estuvimos juntos.

Una vez te dije que me daban miedo los cambios, ahora puedo decir que no, ahora puedo decir que quiero cambiar.

Ahora creo entender porque me gusta escuchar las manecillas del reloj, pero eso lo dejo a mis fijaciones y gustos.


viernes, 25 de marzo de 2011

Silencios rítmicos




Para muchos lo domingos eran días terribles, algunas veces inclusive depresivos.
Sin embargo ese día, a pesar de la elevada temperatura que tenía sumida en somnolecia a la mitad de la ciudad, del hambre que crecía en sus estómagos y del gato que se encontraba posado sobre el pecho de la mujer relamiendo sus bigotes. Y de los claxons de la calle y la gente gritando, el ruido interminable, la soledad de todo el mundo detrás del ventanal y de todas aquellas cosas que odiaban con toda su alma que se habían sumado a sus cercanías en ese preciso instante, sabían que estaban en el lugar y en el momento apropiados para regalarse mutuamente una sonrisa.

martes, 15 de marzo de 2011

Ya no escucho su voz

Distancia, tiempo, lugares, costumbres, personas, pláticas, miradas, siempre se pregunta ¿dónde estará, si necesita algo?
Se levanta entumecida de tanto dormir, se prepara una taza de té oscuro, cierra los ojos para poder recordar, no quiere olvidar su rostro.

De él sabe que, no quiere volver a enamorarse, las mujeres le hacen mal, lo enferman, le gusta el silencio en magnitud y jugar con sus dedos como si estuviera esculpiendo, él decía que después de estos tiempos en profunda paz, iría a encontrarse con personas como él, callados, en blanco, en absoluto silencio.

Ella sueña y él está ahí, en sus ilusiones todo lo que le preocupa está ahí, a veces no recuerda qué soñó, tiene miedo porque en sus sueños no hay sonidos, voces, ni ruidos, ya no escucha nada, ya no queda más que una imagen de recuerdo, imágenes que de pronto se desvanecen y que algunas veces ya no están.




Vuelve pronto sueño…

lunes, 10 de enero de 2011

Un 17 de enero


Recuerda ese día, el momento llegó, sabía que él rompería el listón escarlata y lo ataría a su ombligo.

Ellos se estaban conociendo, esa mañana la tertulia de sus sentidos estaban extasiados, comprimidos, fastuosos, casi deslumbraban la habitación, sus ojos se magnetizaron, temblaban sus pies, las manos le sudaban, estaba nerviosa hasta por los poros, sabía lo que pasaría si confiaba.

Fue un enero resplandeciente y de reposo, ambos caminaban entre calles desoladas por ser domingo, ambos estaban callados, él a veces hablaba para calmar el nerviosismo, minutos después entraron a un recinto que sería testigo de su frenético coqueteo, de su púdico romance, de un sugestivo apetito que ella debía conocer.

No olvidará el decorado de las paredes, la alfombra verde, los cuadros y los espejos viéndolos, la fachada setentera, ambos sabían que la explosión se detonaría, ella no podía ni hablar, él le preguntaba si estaba bien, ella respondía que sí, él miraba sus ojos y percibía angustia, la joven estaba apenada, el pacto sucumbió sus mentes, se ahogaron por horas, durmieron como nunca, el cielo no se veía, el patio de centro escupía risas y voces anónimas, ella no quería dejarlo de abrazar, estaba impactada y radiante por ello, el abismo se vio cercano, la ternura llego hasta los recuerdos de infancia, el cansancio envolvió sus cuerpos desplomados entre las sábanas, ella despertó primero, lo vio por un momento y recordó la mirada brillante de él bajo su boca agitada y afligida por el enredo de sus cuerpos.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Anagrama

Desde ahí un hombre viene de donde la nada tiene sentido, un hombre existe donde nadie más debería existir, la soledad tiene sentido en los lugares en los que el vacío se explica a partir del abandono.

Irremediablemente la soledad se remite a lugares en los que la nada se hace presente, un don nadie en medio de la nada es un lugar solitario.

Entonces, el hombre silencioso, parece una sombra, platica con ella, pregunta del vacío, se pregunta si esa proyección suya en la pared es muestra de su innegable maldad. Se sienta después frente al espejo y se mira a los ojos.

Goza sentir que esta desolado

Obscuros, un café que parece rojizo e inmenso, se da miedo, piensa si acaso, él mismo es un infierno y eso que siente en todas las mañanas que traduce como desgano es en realidad odio que ha crecido en su interior.

El silencio lo ensordece, se adentra en él, es entonces cuando se escucha a sí mismo:

Se pregunta quién es él, pero la pregunta le parece vaga e insignificante.

Después se cuestiona sobre su razón de existir, pero la pregunta le parece demasiado irrelevante.

Irreconocible, así se siente frente al espejo, ese que está ahí no es él.

Observa el cielo, la luna está roja, enorme, así se ve el cielo cuando alguien va a morir, solo espera no ser aquel que cumplirá ese fatídico destino.

Silencio, el silencio le dice que él no morirá.






Este es un anagrama Sara. ¿Puedes descifrarlo?
Diego.

miércoles, 4 de agosto de 2010

De la infancia

De pequeña solía subirse a los columpios y cerrar los ojos tan fuerte para poder desaparecer del mundo, de pequeña solía reír tanto que los adultos terminaban fastidiándose, de pequeña siempre quiso un pony de peluche más grande que un bate de béisbol, de pequeña bailaba al son de la música clásica y una que otra tonada de los 70´s de los discos de sus papás, de pequeña imaginaba que las focas bebés vivían a unas cuantas calles de su casa, de pequeña su clase favorita era la de Español, de pequeña creía que los números sólo llegaban hasta el diez, de pequeña prefería más la leche de fresa que la de chocolate, de pequeña le gustaba el olor de la cera quemada, de pequeña ensuciaba sus mallones del colegio, de pequeña le caían mal los niños, de pequeña quería ser bailarina de ballet, de pequeña quería no crecer, y véanla ahora, creyendo que las cosas pueden llegar a no cambiar, todavía sigue pensando en todo eso, sus gustos no se renuevan del todo porque siempre estuvo consciente de lo que imaginaba, aunque algunas cosas suenen absurdas, ella sabe que las risas, los juguetes y los animales enanos son de las pocas cosas que todavía puede guardar en su memoria.