viernes, 30 de abril de 2010

Poética fotográfica



Algunas veces el arte ha juzgado a la fotografía como una práctica que no es del todo un ejercicio creativo, lógico y estético. Algunos de los llamados artistas aseguran también que la fotografía no es un arte, sin embargo hoy, en un día de completa complacencia y pereza, otorgado por mis constantes enfermedades; mientras leía a ese filósofo Jaspers de existencialismo alemán, se vino a mi una idea y certeza de la magnificencia que puede tener la fotografía cuando esta se practica correctamente.
En primera instancia les hablaré un poco de este tal Jaspers; resulta que el existencialismo es una corriente filosófica que rechaza (hablando particularmente del caso de Jaspers) a la doctrina filosófica clásica griega que decía que la filosofía es la ciencia de ciencias y que, por lo tanto habla de todo lo que significa la ciencia.
De ahí Jaspers parte para decir que el humano es un caso particular y muy singular dentro de la existencia que no puede llegar a interrelacionarse con los universales que buscaban explicar algunas otras corrientes filosóficas.
Entonces intenta descalificar a la filosofía como una ciencia y la relaciona con el estudio de particularidades que forman una generalidad afirmando que la ciencia es un estudio de particularidades específicas de un total; lo que a la postre resulta una contradicción para el estudio humano puesto que el humano es un total lleno de muchas particularidades. (Objeto de estudio de la filosofía)
La fotografía es justo eso; el instante captado del todo que es la vida del humano.
Al igual que Karl Jaspers lo aseguraba, la ciencia es un estudio de un suceso en particular de un evento objeto o ser. La filosofía por lo tanto, no podía ser una ciencia debido a que estudia los universales (en un caso) de los haberes humanos y los humanos somos particulares, singulares y específicos.
Se pintura se hace en recrear sucesos imaginarios, reales o premeditados con distintas técnicas que van del estilo, gusto y habilidad del creador.
Sin embargo los cuadros costumbristas y los retratos que son considerados arte no son más que lo que las fotografías vendrían a ser después.
La fotografía no solo tiene un valor histórico, periodístico y estético; tiene también un valor poético, artístico y creativo. Las fotografías se pueden premeditar, se pueden buscar, encontrar y también puede que en alguna ocasión sea la fotografía la que nos encuentre a nosotros.
Se dice que la fotografía no es un arte, alguna vez escuché que es un plagio a la vida del captado o al momento ocurrido al azar en la existencia del fotógrafo, yo dudo mucho de esto, estoy seguro que la fotografía es un arte al alcance de la mano de todos, y que es la mal llamada “elite” del arte, -costumbristas cerrados- la que por el simple hecho de que una cámara fotográfica está al alcance de muchas personas creen que no merece el título de corriente artística.
Pero yo pregunto: ¿Qué no es más fácil escribir?, ¿Acaso no es más difícil tener un papel y lápiz que una cámara fotográfica?
Entonces a esta "elite" la invito a criticar la literatura, que si de palabras vamos...

martes, 20 de abril de 2010

Plástica fotográfica


Instintivamente todo ser humano podría fotografiar, es un medio de expresión humana de lo que percibimos y sentimos.
El captar el momento y no repetirlo es obra del tiempo y la luz.

Una corriente que estudia la fotografía es el Pictorialismo, el nombre de dicho movimiento deriva del término inglés picture (imagen, cuadro, pintura, fotografía).

El Pictorialismo se distingue por igualarse con otras disciplinas artísticas como la pintura, escultura y la arquitectura, además se asemeja con el Realismo que hace que la pintura sea abstracta en todos sus sentidos.

La resolución plástica derivada de la imagen borrosa y los temas que eligen los pictorialistas, señalan una fuerte influencia del Impresionismo.
Querían provocar un efecto similar a la pintura impresionista (es por eso que el Pictorialismo es también conocido como fotografía impresionista), los temas del impresionismo se enfocaban en imágenes campestres, en objetos cotidianos, paisajes, retratos, la fotografía impresionista hacía lo mismo, contenidos panorámicos, días lluviosos y nublados eran la principal temática.

Para desarrollar la técnica del Pictorialismo, se le agregaba a la cámara varios filtros y demás utensilios que hacían ver borrosa la imagen, así como la utilización de luces y sombras, dichas características se encuentran en la técnica del impresionismo, donde se aprecian los pincelazos, celditas y plastas de color que el pintor plasmaba adrede, para abstraer las formas.

De aquí surge la manipulación, la estrategia y un momento de transición forzoso para iniciar la discusión sobre “el arte de la fotografía" con las artes plásticas antes de la renovación que presumieron las vanguardias históricas.

Es entonces que se abre una discusión a partir del énfasis puesto por los pictorialistas en la "manipulación" por sobre la toma, reinvidicando el valor de la destreza manual necesaria para llegar a resultados "artísticos" de la fotografía, y reforzando la concepción clásica de autor-artista, rechazando la idea de que la cámara es la que realiza la imagen, un allanamiento del acto fotográfico muy frecuente en el siglo XIX.
Esta discusión no ha quedado resuelta en modo alguno, tiene plena vigencia por cuanto que algunos autores defienden los valores estéticos de la imagen, mientras que otros fotógrafos sostienen el valor de las imágenes como testimonio social de la realidad.
En salas de exposición, galerías de arte, revistas, sitios web, libros, podemos observar como la fotografía es utilizada por algunos como medio de reflexión artística y por otros como medio de reflexión social, cuando se inicia un juego o manipulación con la imagen ya es más una cuestión artística, cuando la imagen no revela algún cambio y ésta presenta una realidad que no está siendo pulida o manipulada es cuando la reflexión social ya tiene un valor periodístico.

domingo, 18 de abril de 2010

El precio del caos



En incontables ocasiones, durante mis ratos de ocio (que eran muy comunes), me sentaba a buscar imágenes por la red y constantemente encontraba la fotografía de este lugar acompañada de textos poéticos que hablaban de la soledad, la compañía, las búsquedas y el amor.
Durante mucho tiempo vi imágenes de gente que caminaba, se detenía o se sentaba en este lugar. Entonces suspiraba pensando en que existen lugares con una mítica que atrae. Esos lugares existen para todos, son lugares comunes y reconocibles. Yo, como muchos cientos más, pasaba a diario por ahí y recordaba todas las fotografías que había visto de ese sitio, a veces pensaba que era fotogénico, como un familiar común entre toda esa gente y yo. Otras veces no tenía tiempo para detenerme a intentar captar la magia que lo hacía un sitio común para tantas personas y pasaba de largo como si fuera un fantasma.
Cuando el tiempo me sobraba, me detenía, me sentaba justo ahí y observaba a toda esa gente que se paseaba buscando ese “algo” o “alguien” que quizá lo hacían el lugar común para todos; algunos inclusive miraban a todos lados buscando la muerte de su soledad y después de unos instantes desistían y seguían sus caminos donde quiera que estos fueran.
Yo entraba de nueva cuenta a la red que hace tan impersonal la vida de todos y seguía viendo a miles de soñadores como yo que tomaban fotografías de este sitio.
Quizá sea la geometría del lugar, lo amplio y opaco que puede tornarse el mundo en este sitio particular, o que muchos como yo pasan a diario por ahí buscando tomar un poco de aire para de inmediato volver al mundo de los demás.
En el mundo nada tenemos seguro, la vida y las certezas se van como humo salido del cigarrillo que uno fuma alguna vez en ayunas para descubrir que el mundo es un lugar crudo y ajeno a nuestros sueños.
Pensar que para acabar con esa soledad se requiere del caos y el azar es atemorizante:
Primero dos personas de las que vienes se conocen de entre millones de personas esparcidas al azar en todo el mundo, después ocurren sucesos al azar que hacen que esas personas terminen juntas por el tiempo determinado que sea necesario y entonces entre millones de semillas que luchan entre ellas a muerte una resulta sobreviviente y cuando comienza a morir entra a un óvulo que posiblemente no era fecundo y se queda a dormir perdiendo la conciencia durante nueve meses. Tras ese tiempo de incertidumbre en el que la vida y la muerte van de la mano divididas por un manto imperceptible uno nace, llega a un mundo nuevo de todos y de los demás y es entonces cuando la azarosa suerte nos dice adónde desarrollaremos gran parte de nuestra vida, los lugares que veremos, viviremos, disfrutaremos y sufriremos.
Entonces nos sentamos y nos sentimos solitarios por un tiempo, nos conocemos entre muchas personas por un tiempo hasta que un buen día nos damos cuenta que jamás sabremos quienes somos nosotros mismos y desistiremos de intentar conocernos. Entonces es cuando en nuestra certeza de desconocimiento buscamos conocer a alguien ajeno a nosotros y en el mundo de todos nos detenemos a buscar a alguien más que sea nuestro. Pasa el tiempo, la vida y las horas.
Es entonces cuando nos sentimos más solos que nunca al darnos cuenta que el azar es desolador y que aunque uno busque jamás encontrará nada, pues el caos no ocurre cuando uno lo desea, este acontece cuando le place.
Entonces un día cualquiera, cuando uno está apunto de tirar la toalla, ese azar producido tras innumerables factores de caos se decide y en un lugar cualquiera a una hora específica de un día que antes no era nada; otra persona nacida de otras dos que se conocieron de entre millones en el mundo al azar, nacidas de dos células que sobrevivieron a batalla de muerte y después combinaron sus genes para provocar otra batalla en la que millones de personas en potencia murieron para dar paso a ese alguien, se cruza en tu camino. Es un instante sin sentido que ocurre y genera un caos aún mayor en el que las consecuencias no son conocidas pero están presentes.
Es en ese instante en el que te encuentras con esa otra persona que resulta que no había visto más fotografías de ese lugar, es una persona que tomó una fotografía justamente de ese sitio por cualquier motivo azaroso que tras cierto tiempo usas para contar cualquier cosa.
El precio del caos es entonces la certeza de que el caos es lo único incierto en este mundo. Y que de entre millones de personas nacidas del caos dos se encuentran un día gracias a los favores del azar, es entonces ahí cuando cientos de sucesos azarosos vuelven a suceder que dictaminan en tiempo, horas, minutos, segundos y días, lo que sucederá con ese suceso que es resultado del caos.


Fotografía: Sarai Estudillo Arriaga
Texto: Diego Christian Pérez Morales