martes, 2 de agosto de 2011

De la rutina

Hace unos días salimos de la misma rutina, la pasamos bien, tuvimos algunas siestas que nos relajaron, platicamos de todo un poco, comimos de maravilla y sobre todo estuvimos juntos.

Una vez te dije que me daban miedo los cambios, ahora puedo decir que no, ahora puedo decir que quiero cambiar.

Ahora creo entender porque me gusta escuchar las manecillas del reloj, pero eso lo dejo a mis fijaciones y gustos.


viernes, 25 de marzo de 2011

Silencios rítmicos




Para muchos lo domingos eran días terribles, algunas veces inclusive depresivos.
Sin embargo ese día, a pesar de la elevada temperatura que tenía sumida en somnolecia a la mitad de la ciudad, del hambre que crecía en sus estómagos y del gato que se encontraba posado sobre el pecho de la mujer relamiendo sus bigotes. Y de los claxons de la calle y la gente gritando, el ruido interminable, la soledad de todo el mundo detrás del ventanal y de todas aquellas cosas que odiaban con toda su alma que se habían sumado a sus cercanías en ese preciso instante, sabían que estaban en el lugar y en el momento apropiados para regalarse mutuamente una sonrisa.

martes, 15 de marzo de 2011

Ya no escucho su voz

Distancia, tiempo, lugares, costumbres, personas, pláticas, miradas, siempre se pregunta ¿dónde estará, si necesita algo?
Se levanta entumecida de tanto dormir, se prepara una taza de té oscuro, cierra los ojos para poder recordar, no quiere olvidar su rostro.

De él sabe que, no quiere volver a enamorarse, las mujeres le hacen mal, lo enferman, le gusta el silencio en magnitud y jugar con sus dedos como si estuviera esculpiendo, él decía que después de estos tiempos en profunda paz, iría a encontrarse con personas como él, callados, en blanco, en absoluto silencio.

Ella sueña y él está ahí, en sus ilusiones todo lo que le preocupa está ahí, a veces no recuerda qué soñó, tiene miedo porque en sus sueños no hay sonidos, voces, ni ruidos, ya no escucha nada, ya no queda más que una imagen de recuerdo, imágenes que de pronto se desvanecen y que algunas veces ya no están.




Vuelve pronto sueño…

lunes, 10 de enero de 2011

Un 17 de enero


Recuerda ese día, el momento llegó, sabía que él rompería el listón escarlata y lo ataría a su ombligo.

Ellos se estaban conociendo, esa mañana la tertulia de sus sentidos estaban extasiados, comprimidos, fastuosos, casi deslumbraban la habitación, sus ojos se magnetizaron, temblaban sus pies, las manos le sudaban, estaba nerviosa hasta por los poros, sabía lo que pasaría si confiaba.

Fue un enero resplandeciente y de reposo, ambos caminaban entre calles desoladas por ser domingo, ambos estaban callados, él a veces hablaba para calmar el nerviosismo, minutos después entraron a un recinto que sería testigo de su frenético coqueteo, de su púdico romance, de un sugestivo apetito que ella debía conocer.

No olvidará el decorado de las paredes, la alfombra verde, los cuadros y los espejos viéndolos, la fachada setentera, ambos sabían que la explosión se detonaría, ella no podía ni hablar, él le preguntaba si estaba bien, ella respondía que sí, él miraba sus ojos y percibía angustia, la joven estaba apenada, el pacto sucumbió sus mentes, se ahogaron por horas, durmieron como nunca, el cielo no se veía, el patio de centro escupía risas y voces anónimas, ella no quería dejarlo de abrazar, estaba impactada y radiante por ello, el abismo se vio cercano, la ternura llego hasta los recuerdos de infancia, el cansancio envolvió sus cuerpos desplomados entre las sábanas, ella despertó primero, lo vio por un momento y recordó la mirada brillante de él bajo su boca agitada y afligida por el enredo de sus cuerpos.