viernes, 3 de septiembre de 2010
Anagrama
Irremediablemente la soledad se remite a lugares en los que la nada se hace presente, un don nadie en medio de la nada es un lugar solitario.
Entonces, el hombre silencioso, parece una sombra, platica con ella, pregunta del vacío, se pregunta si esa proyección suya en la pared es muestra de su innegable maldad. Se sienta después frente al espejo y se mira a los ojos.
Goza sentir que esta desolado
Obscuros, un café que parece rojizo e inmenso, se da miedo, piensa si acaso, él mismo es un infierno y eso que siente en todas las mañanas que traduce como desgano es en realidad odio que ha crecido en su interior.
El silencio lo ensordece, se adentra en él, es entonces cuando se escucha a sí mismo:
Se pregunta quién es él, pero la pregunta le parece vaga e insignificante.
Después se cuestiona sobre su razón de existir, pero la pregunta le parece demasiado irrelevante.
Irreconocible, así se siente frente al espejo, ese que está ahí no es él.
Observa el cielo, la luna está roja, enorme, así se ve el cielo cuando alguien va a morir, solo espera no ser aquel que cumplirá ese fatídico destino.
Silencio, el silencio le dice que él no morirá.
Este es un anagrama Sara. ¿Puedes descifrarlo?
Diego.
miércoles, 4 de agosto de 2010
De la infancia
martes, 13 de julio de 2010
Cirros inmóviles

Esa mañana no mostraba algo distinto a lo que los otoños en la ciudad representan: Frío, neblina, colores poderosos en el paisaje, cielos grises y gente achacosa con reumas y caras coloradas por el frío.
Ana había despertado tras un sueño plácido; había soñado con su fallecido abuelo que siete años atrás había muerto en un accidente automovilístico en la carretera cuando viajaba a visitarla a la capital en víspera de Invierno.
Román despertó tras una pesadilla terrible y pidió a Ana que trajera de desayuno pan, carne y queso para desayunar con un jugo de naranja en bote que ambos guardaban en el refrigerador. Ella se encontraba tendida sobre el pecho del hombre, abrió los parpados plácidamente y dio un beso en pos de afirmación.
Ana se levantó en bragas, llevaba unas color vino con encaje de las cuales disfrutaba mucho Román a la vista y tacto, este se encontraba tirado en la cama sin la menor intención de levantarse; miró cómo Ana se ponía un pantalón tirado en el piso y una blusa apretada que simple vista dejaba ver sus pezones marcando su aureola.
Se puso una chamarra gigantesca y salió de la habitación.
Eran el uno para el otro, Ana recordaba que desde que la memoria se lo permitía, no podía captar mejores recuerdos que los vividos con Román, él había llegado a su vida en el momento preciso, quizá por azar o premeditación, eso jamás lo sabría, pero se había vuelto más que necesario.
El amor le llegó justo el día en que lo vio dormido por primera vez a su lado.
Parecía un niño tierno con barba y piercings en los pezones, la Luna le entraba de pleno a la cara y sonrió cuando Ana lo acarició en el anonimato del sueño.
El edificio estaba pintado de color arena y era psicológicamente depresivo, por eso Ana unos meses atrás, había pintado las paredes del departamento de color lila y había puesto – a modo de significante romántico- huellas verdes de ambos plasmadas por toda la casa que figuraban pinturas rupestres y eran prueba de la existencia de ambos como pareja.
La calle estaba casi vacía, inclusive algunos negocios se encontraban cerrados, la florería de Niní; una vieja con los ojos muy azules, comenzaba a soltar el aroma de las gardenias que artificialmente habían sido cultivadas para brotar en esas fechas.
El pan de la bisquetería aún estaba caliente, olía poderosamente y Ana quebró uno en sus manos para irlo comiendo mientras pagaba el total de su cuenta:
-Luce preciosa este día señorita- Le dijo el rabo verde de Jacinto y ella respondió con una sonrisa enorme al detalle del jovato que se perdió a sus espaldas cuando esta salió del establecimiento.
En el parque se encontró a Susana, una vieja vagabunda que temblaba de frío mientras yacía tumbada en una banca metálica intentando conciliar el sueño.
Ana metió la mano en la bolsa y le regaló un trozo de pan. Susana fue muda de nacimiento y nadie sabía si en realidad entendía las palabras del resto de las personas; alguna leyenda local la ubicaba como una Alemana que había enloquecido en un viaje de vacaciones y que se había quedado inevitablemente abandonada en el país ajeno.
Prendió un cigarrillo, Román odiaba los cigarros con toda su alma, le producían migraña, se sentó un momento en la orilla de la húmeda fuente con forma de angelito orinador a disfrutar de su vicio y después se levantó a la cremería con el culo mojado.
En la cremería compró queso de cabra, le recordaba a los canapés de salmón que le preparaba su abuela cuando la visitaba en verano, un poco de fuet que el carnicero envolvió ostentosamente en papel encerado y se detuvo en la cafetería a comprar grano molido y bolsitas de té para la tarde.
Amaba acurrucarse en Román para ver caer el Sol; este le tarareaba canciones improvisadas al oído mientras bebían algo cálido, tirados en la cama con las ventanas abiertas acobijados por los últimos rayos de la estrella madre.
La última parada antes de volver al departamento fue en los abarrotes de Miguel, él era –casi como a caricatura- un viejo español barbón con boina que ceceaba llegado de las épocas de conquista y parecía que desde entonces con cara de pocos amigos.
Con él compró un bote de arándanos secos, pagó y volvió al edificio que quedaba ya a unos pasos y subió sus escaleras frías de mármol.
A diferencia de la calle, el departamento era acogedor, de reojo Ana vio el pie de Román en la cama y se dispuso a preparar el desayuno: encendió la tetera llena, sacó el jugo del refrigerador y lo colocó en dos vasitos sobre la mesita de madera de la cocina, partió fuet que frió en la sartén, corto trocitos de melón y los colocó intercalados con la carne en un platón y al último tostó trocitos de pan para hacer croutones que al final untó con queso y coronó con una rebanada de tomate fresco.
-Román, ¡ven a desayunar!- dijo a la lejanía y no recibió respuesta alguna.
Entonces entró en la habitación:
-Román, vamos a desayunar, preparé el desayuno- dijo con más decisión.
Román parecía perdido completamente dormido, en sueño mohr y no respondía ni una palabra.
Ana se acerca a la cama y se quita nuevamente los pantalones, se recuesta sobre Román para despertarlo cariñosamente y lo besa en la boca hundiendo su lengua en la del durmiente.
Su pecho está frío, sus labios secos y su lengua flácida.
Entonces Ana retrocede con el corazón a galope, le mira con detenimiento y comienza a gritarle; le da palmaditas en las mejillas y comienza a llorar.
Le abre los ojos: están perdidos, mirando al infinito, al final se recarga contra su pecho. Su corazón no late.
Dura un buen rato tendida sobre su amor llorando de pánico.
Al final se da cuenta: Román no está más ahí, el departamento está lleno de vapor, toda el agua de la tetera se ha evaporado y condensado formando nubecitas dentro del departamento.
Ana toma los dos jugos, prepara más café y se lleva el plato de melón con fuet a la cama, se acurruca en el cuerpo inmóvil de Román y se queda mirando al horizonte con la vista melancólica.
Llega un triste atardecer.
Se da cuenta, este será el último ocaso que pasará en el regazo de su amado…
CHPM
martes, 18 de mayo de 2010
Geometría en imágenes
Hoy mientras caminaba de regreso a casa, levanté la cara hacía arriba y observé el techado de cristal, la construcción del túnel por el que rondaba estaba deteriorado, aún así me pareció asombrosa, las formas geométricas y la luz que pasaba por el vidrio hacían que caminará lento, hacían que olvidara el estrés que llevaba gracias a dos estúpidos exámenes, valió la pena levantarme temprano porque imágenes como esas son las que mis ojos encapsulan desde el día en que hice una estenopeica.
Recuerdo cuando la hice, lo que más me gustó fue pintar la caja, y lijar la lata de metal, me costó trabajo meter la hoja de impresión dentro, con toda esa oscuridad creo que eche a perder dos impresiones, mi profesora Canon casi no tenía paciencia, era estricta, sus criticas y reprendas me ayudaron mucho.
Lo primero que capté con la estenopeica fue al caballito de metal que se encuentra allá por Reforma, Canon había dicho que fotografiáramos eso, yo lo retraté muy de cerca, cuando Canon vio la impresión dijo que la toma a esa distancia no a muchos se les hubiera ocurrido, fue ahí cuando me di cuenta de que esa sería mi primer fotografía geométrica, meses después comencé a utilizar otros tipos de lentes, réflex, de visor a parte de las cajitas de cartón que nunca dejarán de encantarme.
Fue entonces que la fotografía ya era uno de mis pasatiempos, si no hubiera sido por Canon jamás hubiera imaginado que mis primeras fotos tenían que ver con figuras matemáticas, con exactitudes en cuerpos geométricos, con formas que a todo niño cautivan, gracias a Canon la fotografía es parte de mi vida.
lunes, 3 de mayo de 2010
Perspectivas en el lente

Las palabras forman ideas y pueden ser de gran ayuda para el fotógrafo, en mi mente tuve imágenes como estas: a una anciana tejiendo un suéter rojo, un gato bebiendo leche, un espejo roto, una fruta verde, una tina de baño sobre un piso escarlata, un columpio en el bosque, un globo morado en el cielo, dos enamorados despidiéndose en la parada del tren, un disco rallado, un niño llorando a lado de su madre, una práctica de ballet, un tazón de porcelana, una boca y un oído secreteando, un antifaz bañado de brillantina dorada, un vocero exclamando, una pierna desnuda, una copa de vino siendo atravesada por la luz, una mano bajo el agua, una mujer desconsolada con la mirada irritada, un café vacío, un turista fotografiando publicidad, un caballero de traje afanado, la luz de un farol encendido a las 10 de la mañana, un coral en solitario, una habitación con paredes rosas y una mesita de té, una colección de revistas de moda, una joven bailando por los pasillos de un hotel, un mantel de cuadros, una pareja de ancianos tomándose de la mano, un arco iris apenas perceptible, un reloj antiguo, un niño vestido de abeja, una lata de pintura seca, un vestido floreado, un libro empolvado, una lagrima cayendo, dos colores mezclados como blanco y negro, una hoja de árbol meciéndose, una boca riendo, un lago verduzco, un joven callado, un closet vacío, una sombra caminando, una muñeca detrás de una vitrina, un trozó de mantequilla derritiéndose, un atardecer rojizo, un ventanal ocre, una cámara en pause…
La fotografía puede ayudar a la literatura y viceversa, con una imagen puedes crear historias, con palabras puedes crear escenarios para el lente.
viernes, 30 de abril de 2010
Poética fotográfica

Algunas veces el arte ha juzgado a la fotografía como una práctica que no es del todo un ejercicio creativo, lógico y estético. Algunos de los llamados artistas aseguran también que la fotografía no es un arte, sin embargo hoy, en un día de completa complacencia y pereza, otorgado por mis constantes enfermedades; mientras leía a ese filósofo Jaspers de existencialismo alemán, se vino a mi una idea y certeza de la magnificencia que puede tener la fotografía cuando esta se practica correctamente.
En primera instancia les hablaré un poco de este tal Jaspers; resulta que el existencialismo es una corriente filosófica que rechaza (hablando particularmente del caso de Jaspers) a la doctrina filosófica clásica griega que decía que la filosofía es la ciencia de ciencias y que, por lo tanto habla de todo lo que significa la ciencia.
De ahí Jaspers parte para decir que el humano es un caso particular y muy singular dentro de la existencia que no puede llegar a interrelacionarse con los universales que buscaban explicar algunas otras corrientes filosóficas.
Entonces intenta descalificar a la filosofía como una ciencia y la relaciona con el estudio de particularidades que forman una generalidad afirmando que la ciencia es un estudio de particularidades específicas de un total; lo que a la postre resulta una contradicción para el estudio humano puesto que el humano es un total lleno de muchas particularidades. (Objeto de estudio de la filosofía)
La fotografía es justo eso; el instante captado del todo que es la vida del humano.
Al igual que Karl Jaspers lo aseguraba, la ciencia es un estudio de un suceso en particular de un evento objeto o ser. La filosofía por lo tanto, no podía ser una ciencia debido a que estudia los universales (en un caso) de los haberes humanos y los humanos somos particulares, singulares y específicos.
Se pintura se hace en recrear sucesos imaginarios, reales o premeditados con distintas técnicas que van del estilo, gusto y habilidad del creador.
Sin embargo los cuadros costumbristas y los retratos que son considerados arte no son más que lo que las fotografías vendrían a ser después.
La fotografía no solo tiene un valor histórico, periodístico y estético; tiene también un valor poético, artístico y creativo. Las fotografías se pueden premeditar, se pueden buscar, encontrar y también puede que en alguna ocasión sea la fotografía la que nos encuentre a nosotros.
Se dice que la fotografía no es un arte, alguna vez escuché que es un plagio a la vida del captado o al momento ocurrido al azar en la existencia del fotógrafo, yo dudo mucho de esto, estoy seguro que la fotografía es un arte al alcance de la mano de todos, y que es la mal llamada “elite” del arte, -costumbristas cerrados- la que por el simple hecho de que una cámara fotográfica está al alcance de muchas personas creen que no merece el título de corriente artística.
Pero yo pregunto: ¿Qué no es más fácil escribir?, ¿Acaso no es más difícil tener un papel y lápiz que una cámara fotográfica?
Entonces a esta "elite" la invito a criticar la literatura, que si de palabras vamos...
martes, 20 de abril de 2010
Plástica fotográfica

Instintivamente todo ser humano podría fotografiar, es un medio de expresión humana de lo que percibimos y sentimos.
El captar el momento y no repetirlo es obra del tiempo y la luz.
Una corriente que estudia la fotografía es el Pictorialismo, el nombre de dicho movimiento deriva del término inglés picture (imagen, cuadro, pintura, fotografía).
El Pictorialismo se distingue por igualarse con otras disciplinas artísticas como la pintura, escultura y la arquitectura, además se asemeja con el Realismo que hace que la pintura sea abstracta en todos sus sentidos.
La resolución plástica derivada de la imagen borrosa y los temas que eligen los pictorialistas, señalan una fuerte influencia del Impresionismo.
Querían provocar un efecto similar a la pintura impresionista (es por eso que el Pictorialismo es también conocido como fotografía impresionista), los temas del impresionismo se enfocaban en imágenes campestres, en objetos cotidianos, paisajes, retratos, la fotografía impresionista hacía lo mismo, contenidos panorámicos, días lluviosos y nublados eran la principal temática.
Para desarrollar la técnica del Pictorialismo, se le agregaba a la cámara varios filtros y demás utensilios que hacían ver borrosa la imagen, así como la utilización de luces y sombras, dichas características se encuentran en la técnica del impresionismo, donde se aprecian los pincelazos, celditas y plastas de color que el pintor plasmaba adrede, para abstraer las formas.
De aquí surge la manipulación, la estrategia y un momento de transición forzoso para iniciar la discusión sobre “el arte de la fotografía" con las artes plásticas antes de la renovación que presumieron las vanguardias históricas.
Es entonces que se abre una discusión a partir del énfasis puesto por los pictorialistas en la "manipulación" por sobre la toma, reinvidicando el valor de la destreza manual necesaria para llegar a resultados "artísticos" de la fotografía, y reforzando la concepción clásica de autor-artista, rechazando la idea de que la cámara es la que realiza la imagen, un allanamiento del acto fotográfico muy frecuente en el siglo XIX.
Esta discusión no ha quedado resuelta en modo alguno, tiene plena vigencia por cuanto que algunos autores defienden los valores estéticos de la imagen, mientras que otros fotógrafos sostienen el valor de las imágenes como testimonio social de la realidad.
En salas de exposición, galerías de arte, revistas, sitios web, libros, podemos observar como la fotografía es utilizada por algunos como medio de reflexión artística y por otros como medio de reflexión social, cuando se inicia un juego o manipulación con la imagen ya es más una cuestión artística, cuando la imagen no revela algún cambio y ésta presenta una realidad que no está siendo pulida o manipulada es cuando la reflexión social ya tiene un valor periodístico.
domingo, 18 de abril de 2010
El precio del caos

En incontables ocasiones, durante mis ratos de ocio (que eran muy comunes), me sentaba a buscar imágenes por la red y constantemente encontraba la fotografía de este lugar acompañada de textos poéticos que hablaban de la soledad, la compañía, las búsquedas y el amor.
Durante mucho tiempo vi imágenes de gente que caminaba, se detenía o se sentaba en este lugar. Entonces suspiraba pensando en que existen lugares con una mítica que atrae. Esos lugares existen para todos, son lugares comunes y reconocibles. Yo, como muchos cientos más, pasaba a diario por ahí y recordaba todas las fotografías que había visto de ese sitio, a veces pensaba que era fotogénico, como un familiar común entre toda esa gente y yo. Otras veces no tenía tiempo para detenerme a intentar captar la magia que lo hacía un sitio común para tantas personas y pasaba de largo como si fuera un fantasma.
Cuando el tiempo me sobraba, me detenía, me sentaba justo ahí y observaba a toda esa gente que se paseaba buscando ese “algo” o “alguien” que quizá lo hacían el lugar común para todos; algunos inclusive miraban a todos lados buscando la muerte de su soledad y después de unos instantes desistían y seguían sus caminos donde quiera que estos fueran.
Yo entraba de nueva cuenta a la red que hace tan impersonal la vida de todos y seguía viendo a miles de soñadores como yo que tomaban fotografías de este sitio.
Quizá sea la geometría del lugar, lo amplio y opaco que puede tornarse el mundo en este sitio particular, o que muchos como yo pasan a diario por ahí buscando tomar un poco de aire para de inmediato volver al mundo de los demás.
En el mundo nada tenemos seguro, la vida y las certezas se van como humo salido del cigarrillo que uno fuma alguna vez en ayunas para descubrir que el mundo es un lugar crudo y ajeno a nuestros sueños.
Pensar que para acabar con esa soledad se requiere del caos y el azar es atemorizante:
Primero dos personas de las que vienes se conocen de entre millones de personas esparcidas al azar en todo el mundo, después ocurren sucesos al azar que hacen que esas personas terminen juntas por el tiempo determinado que sea necesario y entonces entre millones de semillas que luchan entre ellas a muerte una resulta sobreviviente y cuando comienza a morir entra a un óvulo que posiblemente no era fecundo y se queda a dormir perdiendo la conciencia durante nueve meses. Tras ese tiempo de incertidumbre en el que la vida y la muerte van de la mano divididas por un manto imperceptible uno nace, llega a un mundo nuevo de todos y de los demás y es entonces cuando la azarosa suerte nos dice adónde desarrollaremos gran parte de nuestra vida, los lugares que veremos, viviremos, disfrutaremos y sufriremos.
Entonces nos sentamos y nos sentimos solitarios por un tiempo, nos conocemos entre muchas personas por un tiempo hasta que un buen día nos damos cuenta que jamás sabremos quienes somos nosotros mismos y desistiremos de intentar conocernos. Entonces es cuando en nuestra certeza de desconocimiento buscamos conocer a alguien ajeno a nosotros y en el mundo de todos nos detenemos a buscar a alguien más que sea nuestro. Pasa el tiempo, la vida y las horas.
Es entonces cuando nos sentimos más solos que nunca al darnos cuenta que el azar es desolador y que aunque uno busque jamás encontrará nada, pues el caos no ocurre cuando uno lo desea, este acontece cuando le place.
Entonces un día cualquiera, cuando uno está apunto de tirar la toalla, ese azar producido tras innumerables factores de caos se decide y en un lugar cualquiera a una hora específica de un día que antes no era nada; otra persona nacida de otras dos que se conocieron de entre millones en el mundo al azar, nacidas de dos células que sobrevivieron a batalla de muerte y después combinaron sus genes para provocar otra batalla en la que millones de personas en potencia murieron para dar paso a ese alguien, se cruza en tu camino. Es un instante sin sentido que ocurre y genera un caos aún mayor en el que las consecuencias no son conocidas pero están presentes.
Es en ese instante en el que te encuentras con esa otra persona que resulta que no había visto más fotografías de ese lugar, es una persona que tomó una fotografía justamente de ese sitio por cualquier motivo azaroso que tras cierto tiempo usas para contar cualquier cosa.
El precio del caos es entonces la certeza de que el caos es lo único incierto en este mundo. Y que de entre millones de personas nacidas del caos dos se encuentran un día gracias a los favores del azar, es entonces ahí cuando cientos de sucesos azarosos vuelven a suceder que dictaminan en tiempo, horas, minutos, segundos y días, lo que sucederá con ese suceso que es resultado del caos.
Fotografía: Sarai Estudillo Arriaga
Texto: Diego Christian Pérez Morales