viernes, 25 de marzo de 2011

Silencios rítmicos




Para muchos lo domingos eran días terribles, algunas veces inclusive depresivos.
Sin embargo ese día, a pesar de la elevada temperatura que tenía sumida en somnolecia a la mitad de la ciudad, del hambre que crecía en sus estómagos y del gato que se encontraba posado sobre el pecho de la mujer relamiendo sus bigotes. Y de los claxons de la calle y la gente gritando, el ruido interminable, la soledad de todo el mundo detrás del ventanal y de todas aquellas cosas que odiaban con toda su alma que se habían sumado a sus cercanías en ese preciso instante, sabían que estaban en el lugar y en el momento apropiados para regalarse mutuamente una sonrisa.

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